Cómo la autocompasión puede potenciar tu rendimiento



A menudo nos centramos demasiado en nuestro rendimiento, olvidando la importancia de nuestra salud mental. En consecuencia, las cosas empiezan a no funcionar, y empezamos a sentir ansiedad, falta de motivación o de fuerzas. Perdemos nuestra inspiración o nuestra capacidad de concentración. Y es cuando sentimos más frustración. Queremos hacerlo lo mejor posible, sabemos lo importante que es estar al 100% pero algo nos impide hacerlo.


Imaginemos el siguiente ejemplo:


Ana se siente agotada. En unos pocos días, es la fecha límite para un proyecto importante. Cada vez le resulta más difícil concentrarse y ya no sabe qué estrategia utilizar. Pensamientos como "no lo lograrás" o "siempre te asignan proyectos imposibles" siguen pasando por su mente.


Esos pensamientos de autocrítica (“no lo lograrás”) o de crítica a los demás (“siempre me asignan proyectos imposibles”) salen a la superficie en estas situaciones. Y esto, entre otros factores, sólo hace que empeorar nuestro bienestar, y por lo tanto, nuestro rendimiento.


Algunos estudios (Neff, Hsieh y Dejitterat, 2005) muestran que cuanto más autocríticos son los mensajes que nos damos, más nos bloqueamos y nos volvemos incapaces de seguir el ritmo. Por otro lado, cuanto más autocompasivos sean esos mensajes, más capaces somos de regular emociones, activar estrategias de afrontamiento y ser resilientes. Dicho esto, no queda duda que es deseable introducir la autocompasión en nuestras vidas como un hábito.


¿A qué nos referimos con autocompasión? ¿es sentir pena de sí mismo o compadecerse? No.


“La autocompasión es la capacidad de disfrutar cuando todo va bien y ser amables con nosotros mismos cuando la vida es complicada. No importa cuán grande sea el desafío, la autocompasión siempre nos hará activar lo mejor de nosotros para enfrentarlo” (Desmond, 2017).

Es decir, la autocompasión es estar ahí para nosotros cuando estamos disfrutando de una tarde con amigos, de un viaje o de un día productivo; y también cuando estamos teniendo un mal día en la oficina, cuando nos han dado una mala noticia o cuando nos cuesta concentrarnos. Es hacer de nuestro mejor amigo y apoyo, en las buenas y en las no tan buenas.


¿Qué le dirías a un amigo si te llama contándote que ha tenido un mal día en la oficina? ¿O que le han dado una mala noticia? ¿Qué le dirías si te escribe contándote que no se puede concentrar para trabajar/estudiar?


Parece interesante hacer el ejercicio de comparar esas respuestas con lo que realmente nos diríamos a nosotros en esas situaciones. De hecho, tenemos la tendencia de tratarnos con mucha más dureza de la que usaríamos con los demás.


Definitivamente, tratarnos con la amabilidad, calidez y apoyo con el que trataríamos a alguien que queremos puede significar un antes y un después en nuestra vida, en nuestro bienestar y desde luego, en nuestro rendimiento.


Rutina de autocompasión en 4 pasos


De este modo, podría ser una buena idea detenerte un momento para tenerte como tu mejor aliado y apoyarte. Para ello, te sugerimos que utilices la siguiente rutina de 4 pasos:


1) Escaneo del cuerpo: Por un momento, concéntrate en tu respiración y "escanea" tu cuerpo. ¿Sientes alguna molestia, alguna tensión? ¿Dónde? Intenta centrar tu atención en cómo se siente tu cuerpo y dónde sientes la presión o la angustia. ¿Cómo describirías esa molestia?


2) Ponerle nombre: Después de permitirte ver dónde sientes la incomodidad, intenta darle un nombre. ¿Cómo me siento? ¿Estoy asustado? ¿Siento rabia o tristeza?

3) Conectar y darle sentido: Reconocer y observar lo que realmente nos está pasando es un paso importante a la hora de aplicar la autocompasión; así como intentar dar sentido a por qué nos sentimos así. Como ser humano, sentir emociones significa que tu cuerpo funciona correctamente. Por ejemplo: "Me siento enfadada por no haber previsto que iba a llevar más tiempo del que pensaba”.


4) Aceptar tu humanidad: Ya sea que las cosas hayan salido como tú querías o te hayas equivocado, es esencial aceptar que el fracaso es parte de ser humano. Incluso los mejores pintores han hecho retratos que han descartado. Concéntrate en tu humanidad y date el permiso de haber actuado como lo has hecho.


Siguiendo con el ejemplo de Ana, hablarse de la siguiente manera sería un ejemplo de autocompasión:


"Antes de aceptar el proyecto, había estimado que me llevaría menos tiempo del que está llevando. Lo he hecho lo mejor que he podido, y eso dice lo mucho que valoro y respeto mi trabajo. Mi yo del pasado no tenía esta información. Si la hubiera tenido, no habría estimado que llevaría menos tiempo. Estar equivocado es completamente humano, y me permitirá aprender y crecer. La próxima vez contaré con lo que aprenda de esta situación como experiencia, y seré aún más capaz de lograrlo".


La autocompasión cambia las reglas del juego


Es un hecho comprobado que las personas motivadas por la bondad y la compasión perseveran mucho mejor ante la adversidad y utilizan los fracasos como circunstancias para aprender y crecer.


Puede llevar algo de esfuerzo y tiempo introducir la autocompasión en tu visión del mundo. Aún así, todo indica que puede darte el giro que has estado esperando durante tanto tiempo para sentirte mejor con los próximos desafíos.


Referencias


Desmond, T. (2017). The Self Compassion Skills Workbook. New York/London. W.W. Norton & Company.


Neff, K. D., Hsieh, Y. P., & Dejitterat, K. (2005). Self-compassion, achievement goals, and coping with academic failure. Self and identity, 4(3), 263-287.


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