¿Eres egoísta en el amor?


¿Cuándo debo ceder en una relación? ¿Es saludable poner mis necesidades primero? ¿Cómo sé si estoy siendo egoísta? ¿Cómo sé si estoy aceptando demasiado?



Cuando se trata de saber si estamos siendo egoístas o deberíamos “ser más egoístas” nos invade la confusión. En este artículo te contamos las diferencias entre el egoísmo y el amor propio desde la autocompasión.



El dilema actual


Nuestros feeds en las redes sociales están llenos de rutinas de autocuidado, posts sobre el amor por uno mismo, mensajes de empoderamiento. “¡Tú eres responsable de tu felicidad!” “¡Ámate a ti misma por sobre todas las cosas!” “¡Vive al máximo tu vida, solo tienes una!”


Por otro lado, escuchamos que los Milenials y la Generación X somos egoístas, estamos demasiado centrados en nosotros mismos, solo vemos por nuestro bienestar. “María, si sigues tan emocional (María expresando que está estresada) nunca vas a llegar a ningún lado. Aguanta”, “Pedro, no puedes seguir viajando como si no tuvieras responsabilidades”, “¿Van a dejar a sus hijos el fin de semana? (Cara de desaprobación)”, “¿No pasas demasiado tiempo invirtiendo en tu apariencia?”


“El amor propio suele considerarse una de las formas más puras y claras de egoísmo. De hecho, se considera un sinónimo de egoísmo.” Lidija Hilje (Is self-love selfish?)


¿A quién hacer caso? Quiero poder amarme y cuidarme pero no quiero ser egoísta. ¿Es egoísta no querer tener hijos? ¿Es egoísta embarazarme? ¿Es egoísta querer pasar más tiempo solo? ¿Es egoísta invertir en mi imagen física? ¿Es egoísta querer un mayor sueldo? ¿Es egoísta renunciar a un buen sueldo para hacer lo que verdaderamente quiero?


Todas estas preguntas las escuchamos diario por parte de nuestros clientes, nuestros amigos y nos las hacemos a nosotras mismas también. Las mismas suelen volverse mucho más complejas en el contexto de una relación.


El amor propio y la autocompasión tienen mala reputación. Y no es raro que así lo sea cuando les consideramos sinónimos de egoísmo, egocentrismo, autoindulgencia y falta de consideración. ¿Cuáles eran los valores más importantes para generaciones pasadas? Autodisciplina, tolerancia, autocontrol, discreción. Todos estos valores siguen vigentes, pero también suelen ser mal entendidos o estar planteados desde la rigidez. Aguanta, no te quejes, sé fuerte, piensa solo en los demás.


Estamos en un momento de transición. A nuestra generación le toca conciliar una educación que era más rígida con creencias mucho más estrictas respecto a las emociones y al deber ser, con una ola de nuevas tendencias que rescatan mucho la importancia del autocuidado, el amor propio y la aceptación de las emociones.

Nuestro mayor reto es encontrar el equilibrio y aprender a integrar lo que nos enseñaron, la sabiduría y la experiencia de generaciones mayores, con lo que la ciencia hoy prueba ser indispensable para nuestro bienestar emocional y físico.


Este encuentro de creencias se vuelve mucho más sencillo cuando comenzamos por definir adecuadamente los valores y las actitudes que antes mencionábamos. Con este ejercicio nos damos cuenta de que, por ejemplo, autocompasión y autocuidado no son opuestos a autodisciplina y auto control, y que de hecho van de la mano.


En este artículo nos centraremos en el amor propio desde la autocompasión y su papel en la construcción de relaciones saludables. Principalmente queremos que puedas cuidar y tomar en cuenta tus necesidades sin sentirte egoísta o caer en el egoísmo.



¿Qué es autocompasión y qué tiene que ver con el amor propio?


“La autocompasión implica ser cálidos y comprensivos con nosotros mismos cuando sufrimos, fallamos o nos sentimos inadecuados, en lugar de ignorar nuestro dolor o flagelarnos con la autocrítica.” Kristin Neff

La autocompasión es una actitud que decidimos tener hacia nosotros mismos activamente, es decir, no se trata de dejarnos ir y permitirnos caprichos o tratar nuestros errores sin darles ninguna importancia. Implica reconocimiento, aceptación y acción. Cuando reconocemos nuestro dolor o nuestros fallos con autocompasión, podemos elegir lo que queremos hacer con ellos desde un lugar mucho más libre y constructivo.



Puedes aprender más sobre autocompasión en nuestro artículo Cómo la autocompasión puede potenciar tu rendimiento o en nuestra guía gratuita que puedes descargar inscribiéndote a nuestra newsletter.



Cuando el amor propio está fundamentado en una actitud autocompasiva, nos permite identificar qué es lo que queremos y qué es lo que necesitamos para poder cuidarnos desde el respeto y la responsabilidad. Yo me puedo amar intensamente y gracias a eso reconocer que valgo lo mismo que los demás. Por lo tanto puedo pedir que mis necesidades sean tomadas en cuenta.


Pero, ¿qué pasa con las necesidades de los demás?


La autocompasión agrega intención a nuestra decisión de poner a un lado nuestras necesidades de vez en cuando, sin la necesidad de reprimir nuestras emociones, ya que implica la aceptación del sufrimiento (en muchas ocasiones inevitable). En otras palabras, nos permite seguir ejerciendo el amor propio, aún cuando no elegimos la opción que más queríamos en un momento dado.


Por ejemplo, Fernando muere de ganas de ir a ver un partido de futbol pero es el cumple del mejor amigo de su novio Andrés. Sabe que para Andrés es muy importante, pero siente mucha frustración porque tenía los mejores lugares en el estadio. Si Fernando pensara que tiene que amarse por sobre todas las cosas, y eso implica evitar su frustración, va a haber conflicto seguro. Si decidiera ceder en esta ocasión, al tratar su frustración con autocompasión, reconocer que tenía muchas ganas de ir y ser amable con esta parte de sí mismo, puede seguir eligiendo ceder sin hacer a un lado sus sentimientos o sentirse menos importante.


También nos ayuda a dar prioridad a nuestras necesidades, sin sentirnos negligentes con las de los demás.


Ana ha tenido una semana muy pesada y lo único que quiere es descansar el viernes, le urge poner una peli y desconectar. Su hermana la invitó a cenar con mucha ilusión porque no se han visto desde hace mucho y se siente muy egoísta si cancela. Podría pasar una hora haciendo una lista de pros y contras o intentando justificarse, también podría ir a la cena y sentirse negligente consigo misma. La opción autocompasiva podría ser reconocer su cansancio y decidir darse esa noche de relax que tanto necesita como forma de amor propio, reconociendo que hay una parte de ella que se siente un poco mal por su hermana y enviarle un mensaje cariñoso con la propuesta que verse otro día.



¿Cómo son la autocompasión y el amor propio la base de una relación sana?




Ceder constantemente, complacer por evitar conflictos o callar nuestras necesidades, tarde o temprano nos lleva a un estado de burnout.

¿Te ha pasado que explotas contra alguien haciendo una lista de todo lo que has hecho por ellos y el poco tiempo que has tenido para cuidarte? Sin ánimo de hacerte sentir mal, la verdad es que no es culpa del otro. Cuidarte, buscar momentos de descanso y hacer cosas que te gustan son tu responsabilidad, no la de los demás.


Aunque definitivamente esperamos (y merecemos) recibir amor y un trato respetuoso de los demás, es importante que seamos los primeros en ver por nuestro bienestar. Muchas veces ya ni sabemos lo que queremos porque nos hemos dejado de escuchar.


Sin amor propio, corremos el peligro de buscar en nuestras relaciones llenar este vacío, y cuando buscamos amor desde el vacío, suele salir desde un lugar de miedo, de exigencia o de enojo.

Esto puede ser muy doloroso para nosotros y para los que nos rodean. La mejor manera de llenar este vacío es haciendo una pausa y preguntándonos qué es lo que necesitamos y comenzar por hacer lo que depende de nosotros mismos. El segundo paso es identificar qué le podemos pedir a los demás.


La autocompasión, nos ayuda a ser más compasivos con los demás.

Aunque en ocasiones somos más exigentes con nosotras mismas que con las demás, muchas veces también juzgamos al resto con los mismos estándares que nos autoimponemos. Esto suele ser la base de muchos de los conflictos que tenemos con la gente que nos rodea.


Piénsalo así, ¿nunca te ha pasado que te dolía la cabeza pero no te permitiste descansar del trabajo? Si es así, ¿no te pasó el que cuando un colega te dijo que no estaba trabajando porque le dolía la cabeza, pensaste que estaba siendo débil o que exageraba?


¡En las relaciones de pareja, familiares y de amigos esto suele complicarse aún más! Piensa en las veces que te ha molestado ver que los demás hacen o dejan de hacer cosas que tú mismo no te permites. Muchas veces esto nos resuena porque también nos hubiera gustado dejar la dieta por unos días o tomarnos unas vacaciones sin los hijos.


Entender y atender nuestras propias necesidades nos ayuda a comprender que los demás también necesitan hacerlo.

Este principio aplica también a los errores. Cuando aprendemos a tratar nuestras faltas con autocompasión, aumentamos la probabilidad de poder hacer lo mismo por los demás.


Trataste a tu mamá sin paciencia porque habías tenido un mal día. Te sentiste fatal. Tienes dos opciones:


  1. Asumir el dolor y la culpa que sientes sin criticarte, entender que eres un ser humano, comprender lo que sucedió para intentar que no se repita y pedir perdón desde el aprendizaje y el amor.

  2. Evitar el dolor y la culpa poniendo excusas o dejarte ir a los lugares más oscuros de tu mente al criticarte (asumir que eres la peor persona, pensar que mereces un castigo eterno, etc), y pedir perdón desde la ansiedad y la culpa o no pedirlo directamente.


Llega tu pareja a casa y mientras le cuentas algo muy importante para ti, te ignora. Te sientes fatal. Tienes dos opciones:


  1. Asumir el dolor que te genera y tratarlo con amabilidad, entender que es un ser humano y que todos tenemos malos días, intentar comprender lo que sucedió (a lo mejor había tenido mal día), esperar a que se sienta mejor para preguntarle qué sucedió y buscar una solución.

  2. Abrir la caja negra del juicio y del dolor para justificar y aumentar la ira (¡parece exagerado pero en ese momento así lo vivimos!), empezar a perseguirle y decirle lo egoísta que está siendo o reproducir en tu cabeza todas las veces que ha sido así y generar resentimiento, y comenzar un pleito o dejarle de hablar unas horas...o días.


Entre estos ejemplos, ¿cuál genera menos dolor?, ¿cuál aumenta las probabilidades de que te recuperes y lo dejes pasar? Ahora, si en el primer ejemplo elegiste la opción 1, ¿crees que sea más fácil hacerlo en el ejemplo 2 también? Generalmente sí.


Autocompasión = mayor compasión hacia los demás. Mayor compasión hacia los demás = mayor autocompasión.

Te propongo algo, vamos a cambiar preguntas como “¿qué es lo justo?” y “¿cómo debería haber sido?” por “¿qué generará menos dolor?” y “¿qué puedo aprender de lo sucedido?”


La compasión y la autocompasión van de la mano y se fortalecen la una a la otra. Ambas nos invitan a reconocer el sufrimiento como parte de la experiencia humana, a acompañar con amabilidad este sufrimiento y hacer algo para ponerle fin. Por lo tanto, el amor propio desde la autocompasión, nos ayuda a amar más a los demás desde la compasión y aumenta la probabilidad de que nos recuperemos de un conflicto.



¿Dónde está el límite entre la autocompasión y el egoísmo? ¿Y entre la compasión y el permisivismo?




Ya vimos todas las ventajas de la autocompasión y la compasión, pero donde la mayoría nos bloqueamos es a la hora de la práctica.


¿Cómo distinguir entre una actitud egoísta y una actitud autocompasiva? ¿Cómo sabemos si estamos aguantando demasiado? No hay respuesta sencilla porque aquí entran en juego nuestros valores personales, nuestra historia con una persona, nuestras circunstancias y nuestras necesidades.


Tú no necesitas lo mismo que tu pareja y no siempre van a tener una misma concepción de lo que es justo o lo que es “lo mejor”. Lo mismo aplica con tu familia y amistades.


Más que proponerte una receta perfecta, te propongo que contestes de la manera más honesta las siguientes preguntas:


  • Siempre:


¿Cuál es mi objetivo inmediato? ¿Interfiere con mis objetivos a largo plazo?


Si tus objetivos están planteados desde el amor propio y hacia los demás, y tu objetivo inmediato no interfiera realmente con tu objetivo a largo plazo, ¡está bien!


Por ejemplo, mi objetivo a largo plazo es tener un matrimonio sólido, basado en el respeto, la honestidad y el amor. Mi objetivo inmediato es tomar una vacación con mis amigas porque quiero despejarme y divertirme. Me entra culpa porque creo que debería hacer unas vacaciones con mi esposo. ¿Voy a volver feliz y renovada? Probablemente. ¿Eso me ayuda a estar en equilibrio y ser más amorosa? Seguro. ¿Me ayuda a comprender cuando mi esposo se quiera ir con sus amigos? Sin duda.


  • Cuando se trata de darte un permiso (desde el amor propio con autocompasión):


¿Hacer esto me va a ayudar a sentirme mejor anímicamente y por lo tanto ser más amable con los demás?


¿Me da miedo/ansiedad/culpa hacerlo porque creo que será mal visto o porque no estoy seguro de si lo estoy haciendo sin tomar en cuenta el bien común (de mi familia, mi empresa, mi relación con los demás)?


Me puedo imaginar haciéndolo sin hacerle caso a mis juicios mentales, ¿me hace sentir paz?, ¿me puedo imaginarme sintiéndome mejor y tranquila?


  • Cuando se trata de ceder o no (desde la compasión):


Si dejo los prejuicios a un lado, ¿me puedo imaginar sintiéndome tranquilo y aceptando (tomando responsabilidad) mi decisión de ceder?


Si decido ceder, ¿estoy dispuesta a hacerlo 100% desde un lugar de amor y compasión?


¿Siento que mis necesidades estarán seriamente comprometidas o simplemente siento un poco de duelo al no obtener exactamente lo que quería en esta ocasión?


¿Me estoy guiando por estándares rígidos de justicia o pensando en lo que generará menos dolor a corto y a largo plazo?


La vida da mil vueltas, las personas cambiamos, y con tanto movimiento, nuestras necesidades y prioridades cambian también.

Asegúrate de estar consciente de qué es lo que más te importa en la vida y qué es lo que más le importa a las personas que amas. Replantéatelo de nuevo de vez en cuando.


Mientras tengas en mente el objetivo que te une a los demás y tomes en cuenta el bienestar de tus relaciones, entendiendo que tú eres clave de las mismas y que por lo tanto tu bienestar también lo es, seguramente encontrarás el equilibrio perfecto para ti.


Si no consigues poner en práctica actitudes de amor propio o sientes que te cuesta trabajo establecer límites claros en tu relación con los demás, no dudes en contactarnos. Puedes escribirnos a través de la web o enviarnos un correo a info@bangardia.com




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