¿Qué es lo importante para ti? El papel de los valores


Define tus valores, metas y acciones

¿Te ha pasado que sientes que has hecho mucho y nada a la vez?


Cuando nuestras acciones no tienen un objetivo claro o carecen de propósito gastamos energía sin recibir gratificación a cambio. No digo que todo lo que hagamos tenga que ser gratificante en sí, sin embargo, los seres humanos necesitamos saber que lo que hacemos tiene sentido. Cuando no tenemos del todo claro qué es lo que nos importa y por qué, nos es muy difícil darle significado a nuestras acciones. Por eso, los valores son el principal motor que mueve nuestras acciones, sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos ¿qué es lo que valoro realmente?


Hasta lo más trivial puede ser gratificante cuando nos conectamos con nuestros valores.

Por ejemplo, hacer la declaración de impuestos puede ser un proceso desagradable, pero si recuerdas el valor que le das a tener tus finanzas en orden y la satisfacción que esto te genera, tu actitud al hacerlo será mucho más positiva.

Identificar nuestros valores puede ser un primer gran paso para encontrar satisfacción en el día a día y decidir las acciones que debemos llevar a cabo para sentirnos alineados. Cuando los tenemos bien definidos y alineamos nuestras acciones con ellos, nuestras metas y nuestra vida adquieren mucho más significado.

¿Qué son los valores?

Los valores no son ni una meta ni un resultado, son estándares que estableces para dar forma a tus acciones y para definir tus metas. No son algo que podemos alcanzar, no tienen un final. Son como una brújula que apunta a una dirección. Que nosotros elijamos caminar hacia el norte, no quiere decir que en algún momento llegaremos al norte, aunque seguir esta brújula nos ayudará a alcanzar distintos destinos (metas). Por ejemplo, si para ti la honestidad es un valor importante, vas a buscar que tus acciones sean honestas y tus metas estarán alineadas con este valor, pero no existe la honestidad como meta en sí.


Los valores son tu brújula y están directamente conectados con tus emociones, las cuales se disparan para avisarte cuando tus acciones no están siendo congruentes con ellos.

Te ayudan a identificar dos aspectos muy importantes: lo que te importa en sí, que a su vez te ayuda a establecer tus metas, y la forma en la necesitas actuar para ser congruente.



Ejemplifiquemos el cuadro anterior. Imagina que para una persona es muy importante el equilibrio entre vida personal y profesional. Para sentirse alineada con este valor, puede buscar un trabajo con un horario flexible y asegurarse de desconectar del correo cuando esté en su tiempo libre.

También puede ser que combinemos varios valores. Muy seguido trabajo con clientes que valoran mucho la disciplina y la responsabilidad (valores que definen cómo quieren actuar) y sus metas tienen que ver con el valor que le dan a reconocimiento. Por lo tanto, sus metas generalmente están dirigidas al logro y a los resultados.


Pero, ¿qué sucede cuando no podemos tener un trabajo flexible o cuando no estamos consiguiendo los resultados que buscamos? Lo primero que hacemos es identificar qué significa para ellos cada uno de estos valores y qué estándares o reglas se ponen para sentirse alineados con los mismos.

¿Qué son la reglas?

Una vez que conocemos nuestros valores, es importante preguntarnos por qué le damos importancia a cada uno y qué estándares nos hemos establecido para saber si estamos actuando de manera congruente.


Detrás de estos valores tenemos reglas que nos ayudan a delimitar de qué manera actuaremos.

Aquí es cuando la complejidad de la mente humana entra en juego. Detrás de nuestros valores están nuestras creencias y nuestros pensamientos, mismos que definen nuestra sensación de estar siendo congruentes o no. El problema es que muchas veces hemos establecido estas creencias de manera automática y, si las mismas son muy rígidas, nunca sentiremos que estamos haciendo las cosas lo "suficientemente bien".


No es lo mismo valorar la honestidad y que tu regla sea ‘decir la verdad’ a que tu regla sea ‘decir siempre todo lo que pienso’, o que te importe la excelencia y tu regla sea ‘hacer mi mayor esfuerzo respetando mis limitaciones’ a que tu regla sea ‘jamás puedo cometer errores’.

Muchas veces, creamos reglas rígidas que disparan alarmas (nuestras emociones) al más mínimo fallo. Por ejemplo, si hacer deporte es importante para ti y tu regla es ‘siempre tengo que hacer deporte y rendir al máximo en cada entrenamiento’, es probable que aunque falles un solo día te sientas muy mal. También sucede que en ocasiones parece que tenemos dos valores que entran en conflicto, por ejemplo 'excelencia en el trabajo' y 'autocuidado'.


Cuando nuestros valores no están bien definidos o nuestras reglas son muy rígidas, es fácil que nos sintamos perdidos o desbordados, incluso cuando pareciera que nuestras acciones están en sintonía con nuestros objetivos.

Por ejemplo, si te gusta tu trabajo pero tu valor es la excelencia y tu regla ‘no fallar’, la probabilidad de que vivas con estrés extremo es muy alta. La peor parte es que nos empezamos a fijar en detalles mínimos y nos desconectamos de nuestro propósito a grande escala o de otros valores.


Rara vez tenemos estas reglas identificadas, comienza por preguntarte ¿qué implica este valor para mí?, ¿qué tiene que pasar para que yo sienta que estoy en línea con este valor? ¿qué no debe de pasar para que me sienta en línea con este valor?


También puede suceder que tengamos reglas que simplemente no nos están funcionando, y que a lo mejor no merece la pena conservar.



¿Cómo saber qué reglas no merece la pena conservar?


  • Pregúntate si tus reglas son demasiado rígidas y si en realidad contribuyen a tu desarrollo. Identifica cualquier regla que incluya palabras como 'siempre', 'debo', 'tengo que', 'nunca'.

  • Has una balanza: ¿Cuántas veces crees que esta regla te ha servido realmente? ¿Tu evidencia es infalible? ¿Cuántas veces esta regla te ha causado dolor? ¿Qué desventajas tiene conservar esta regla? ¿Se interpone esta regla con otro de mis valores?

  • ¿Se puede replantear de modo que te ayude a vivir de modo congruente sin ser una fuente de estrés constante?


¿Cómo reescribir mis reglas?


  • Reescribe tu regla en positivo y como un deseo personal, eliminando palabras como “tengo” “debo” y frases que impliquen una condición.

  • Pregúntate si tu regla está dando un espacio al error humano y si es compasiva contigo y con los demás.

  • Piensa en tu valor inicial. ¿Qué dice bueno de mí este valor? ¿Por qué es tan importante? ¿Está mi regla bloqueando los beneficios de este valor?

  • Establece tus reglas de modo que estés abarcando también otras áreas de tu vida que también tienen aspectos que valoras.


Este trabajo de reflexión puede ser muy útil pero también abrumador. Comienza por un valor a la vez. Puedes pensar en una situación que te esté generando preocupación o un área de tu vida en la que quisieras cambiar algo y descubre qué es lo que te importa y por qué. Así, sabrás que valor se encuentra detrás y podrás hacer la reflexión completa.


¿Quieres asesoría para identificar tus valores y reglas? Agenda una entrevista orientativa sin coste y te ayudamos a identificar tu estrategia. Puedes escribirnos a través de la web o enviarnos un correo a info@bangardia.com


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