Ser víctima vs. elegir libremente


Durante los años que llevo dando consultoría psicológica he recibido a cientos de clientes que vienen porque se sienten atrapados en una situación. No es raro que los seres humanos nos sintamos bloqueados y atados de manos cuando parece que el contexto no nos ayuda a resolver nuestros problemas.

Fred Kofman, en su libro Conscious Business, describe este fenómeno como “estar atrapado en una mentalidad de víctima”. Cuando buscamos culpar a otras personas o a factores externos sobre lo que nos está sucediendo, asumimos que el cambio no está bajo nuestro control. También caemos en la trampa de sentir alivio al quitarnos un poco de responsabilidad - al final, todos preferimos decir ‘llegué tarde porque había tráfico’ a decir ‘llegué tarde porque me organicé mal’.

Es una realidad que no podemos controlar muchos de los factores que afectan nuestras vidas ni el resultado de todos nuestros objetivos pero, ni luchar contra lo incontrolable ni culpar a los demás nos acerca a nuestra meta. De hecho, enfocarnos en estos aspectos nos lleva a sentirnos menos libres porque nuestro bienestar parece no depender de nosotros.

¿Cuánto tiempo pasamos deseando que las cosas o las personas a nuestro alrededor fueran diferentes?, ¿cuánta energía invertimos en culpar a otros o lamentarnos de nuestros problemas?

Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos. Viktor Frankl

A pesar de que en muchas ocasiones dependamos de factores ajenos a nosotros para conseguir nuestras metas, siempre hay algo que podemos hacer para acercarnos a ellas y sintonizarnos con nuestros valores.


El problema es que la perspectiva que adoptamos nos limita. Qué pasaría si dejáramos de preguntarnos qué tiene que pasar para que yo llegue al éxito y nos comenzáramos a preguntar qué tengo que hacer yo para llegar al éxito.

Nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos! Viktor Frankl

Piensa en un problema que tengas en este momento y hazte las siguientes preguntas: ¿cuál es mi problema?, ¿qué o quiénes me impiden resolverlo?, ¿qué me han hecho los demás? Después de responder, reflexiona sobre cómo te sientes y si te ha venido a la mente alguna solución.

Ahora, con el mismo problema en mente hazte las siguientes preguntas: ¿cómo quisiera que fueran las cosas?, ¿qué puedo hacer yo para conseguirlo?, independientemente de que consiguiera los resultados que busco, ¿qué podría hacer para saber que actué conforme a mis valores y sentir satisfacción por haberlo hecho así?


Contrasta tus respuestas. La primera vez te hiciste preguntas que facilitan la mentalidad de víctima, mientras la segunda vez has contestado a preguntas que promueven la acción con propósito.

“Imagina que tu vida es un barco y que tú eres el capitán. Muchas veces pasa que cuando una decisión nos genera rechazo soltamos el timón del barco sin darnos cuenta. Así, la marea nos acaba llevando a una isla a la que no queríamos llegar. Entonces, nos encontramos lamentándonos por estar en ese lugar al que no habíamos elegido ir. Parece que se nos olvida que no elegir también es una decisión, que lejos de alejarnos del problema puede hacerlo más grande. Aún tomando las riendas del timón nadie te garantiza que llegues a donde quieres llegar. Sin embargo, cuando decides decidir y tomas en tus manos el timón, tienes la oportunidad de ejercer tu voluntad y escoger la opción que más te acerque a lo que te importa.”


Aida López Gómez

Nuestra libertad no depende de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, si no de la manera en la que planteamos nuestros problemas y nuestros objetivos. Pasamos tanto tiempo intentando controlar lo incontrolable, que perdemos la libertad de responder activamente ante los retos. Incluso cuando los resultados no son favorables, saber que hemos hecho todo lo que estaba bajo nuestro control nos mantiene motivados y preparados para dar el siguiente paso.

Nuestros resultados no siempre van a ser proporcionales a nuestro esfuerzo ni van a ser siempre como esperábamos que fueran. Sin embargo, saber que nuestras acciones/reacciones dependen 100% de nosotros y están alineadas con nuestros valores, nos regresará esa sensación de libertad.

Como psicóloga, mi objetivo siempre es ayudar a mis clientes a ser agentes activos en todos los retos que enfrentan. En mi día a día, asumir esta postura me ha ayudado a ser más creativa y a sentirme capaz de responder ante mis circunstancias con más libertad.

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